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Capacitados para la misión: Llevando nuestra fe al trabajo
Vida Cristiana
Autor: Dr. Juan Trujillo Méndez
Fecha: 30 Octubre 2026
Descripción
Tras el paso de la pandemia, se hizo evidente en el ser humano una profunda urgencia por retornar a la normalidad. Esta necesidad reveló algo más que el impulso por reactivar la economía: puso de manifiesto nuestra esencia como portadores de la imagen de Dios, llamados a “ser fructíferos y multiplicarse, llenar la tierra y gobernar sobre ella” (Gn 1:28). No fuimos creados para la pasividad, sino para “labrar y cuidar” la tierra. Como se ha dicho con frecuencia, la historia de la humanidad comenzó en un jardín, pero se dirige hacia la edificación de una gran ciudad.
Sin embargo, la caída del hombre empañó el esplendor de la creación. Adán falló en su oficio, desobedeció el mandato divino y fue exiliado. Años más tarde, Judá también fue desterrado de Jerusalén por cerrar sus oídos a la Palabra de Dios, y vivió en tinieblas en tierra ajena, “andando a tientas, como los ciegos junto a una pared” (Is. 59:10 NTV). Pero incluso en medio de la desolación, la Palabra vuelve a resonar con autoridad: “¡Levántate, Jerusalén! Que brille tu luz para que todos vean. Pues la gloria del Señor se levanta para resplandecer sobre ti” (Is. 60:1).
No todo está perdido. Una nueva ciudad se reconstruye en lo alto. Nuestro trabajo, hoy, tiene sentido y puede brillar en medio de una cultura desgastada por el pecado. Aunque nuestros primeros padres no perseveraron en su vocación, el Hijo de Dios —el nuevo Adán— sí lo hizo. Él nos ha confiado una nueva encomienda: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mt. 28:19). Este llamado es una prolongación del mandato cultural original, ahora redimido y dirigido por la Autoridad del Hijo.
El lugar de trabajo al que cada uno ha sido llamado es un terreno fértil para resplandecer. Sea un pequeño negocio o una gran empresa, en casa o en una oficina, si se ejerce con justicia y rectitud, bajo la Autoridad de Cristo, tendrá impacto en la sociedad y señalará hacia la ciudad que nuestro Gran Rey está preparando: una ciudad donde la gloria de Dios resplandece como una piedra preciosísima (Apoc. 21:11).
Hoy más que nunca, la Iglesia del Señor debe levantarse y brillar en cualquier lugar donde se encuentre, pues su luz es la única capaz de disipar la oscuridad del mundo. Cristo Jesús es el cumplimiento de aquella esperanza gloriosa anunciada por Isaías, y es la Autoridad que sostiene nuestra labor en esta tierra hasta el día en que regrese y escuchemos de nuevo Su promesa: “Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción ni quebrantamiento en tu territorio, sino que a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza” (Is. 60:18).